Proyecto Masaje Inclusivo: adultos con discapacidad viven la experiencia del primer trabajo | Fundación Descubreme
Promover, facilitar y difundir la inclusión de las personas con discapacidad cognitiva

Proyecto Masaje Inclusivo: adultos con discapacidad viven la experiencia del primer trabajo

Proyectos del Fondo Descúbreme - 22 diciembre, 2019

Veintiocho personas entre 26 y 55 años fueron capacitadas en conocimientos de técnicas de masajes y relajación. La organización espera darle continuidad a través de la formalización legal de la actividad.

Con el proyecto “Un Masaje Inclusivo”, la Sociedad de Rehabilitación del Niño y Adolescente Lisiado de Antofagasta (Sorenial) fue una de las once organizaciones que se adjudicó el Fondo Descúbreme 2019. La iniciativa tuvo como finalidad fomentar la inclusión social y laboral de personas con discapacidad cognitiva a través de servicios de masaje y relajación.

Sebastián Araya, encargado del proyecto, destacó que “nosotros trabajamos con personas adultas con discapacidad física y cognitiva. La mayoría posee condiciones severas y uno de los desafíos que tuvimos que afrontar en la implementación es que algunos de ellos no poseen capacidades de lectoescritura”, y agregó que “antes de comenzar con el taller, hicimos un diagnóstico para elaborar un perfil para determinar quiénes contaban con condiciones, así que no tuvimos ningún problema con los 28 participantes”.

Araya destacó que al principio tuvieron que traducir ciertos materiales del masaje y de la indumentaria, porque no venían preparados. “En el caso de las personas con discapacidad física tuvimos que hacer algunas adecuaciones en las máquinas. Por ejemplo, las más pesadas no las podían ocupar todos, entonces ellos estaban encargados de otras funciones para que pudiera fluir el trabajo”.

Los 28 participantes, con edades que fluctúan entre los 25 y 55 años, recibieron una serie de conocimientos teóricos acerca de técnicas de relajación y masaje, higiene y uso de máquinas e implementos, así como capacitación para ingresar al servicio de impuestos internos para hacer las boletas.  Luego de ello, se realizaron actividades prácticas para que vivieran la experiencia de atender a clientes y de aplicar lo aprendido previamente.

El proyecto comenzó a desarrollarse a partir de junio de 2019, y a pesar del estallido social pudieron cumplir con el programa que se habían planteado. “Fue complicado, pero nosotros funcionamos igual y aunque perdimos como dos semanas, luego las recuperamos. Lo más complicado fueron las salidas a terreno porque la gente tenía miedo y las empresas no estaban funcionando o estaban con medidas estrictas para ejecutar los convenios o para permitirnos mostrarles lo que hacemos”, recordó Araya.

Uno de los aspectos más gratificantes de la iniciativa fue la participación y entusiasmo de los participantes. “Al principio pensé, desde el desconocimiento, que no iban a enganchar con esta actividad, pero tuvimos a 15 participantes que se mantuvieron de manera constante durante todo el proceso. Estuvieron muy comprometidos y les gustó mucho, más aún cuando vieron que podían manejar dinero o gestionar otras cosas. Fue significativo para ellos”, destacó.

Para todos los participantes, esta fue su primera experiencia laboral. “El próximo paso es que puedan hacer un taller de autonomía, para que el propio grupo como colectivo se puedan manejar y ser independiente, y que no necesiten un monitor de manera permanente”, puntualizó.

Si bien el proyecto cerró en diciembre, esperan regularizar la actividad en 2020. “Nunca logramos formalizar el trabajo porque con el estallido social no pudimos acceder al Servicio de Impuestos Internos, por la dificultad de la lecto escritura y la poca familiarización que tienen los alumnos con el mundo digital. La idea es hacerlo, tanto lo legal, como un taller computacional”, señaló Araya. Este punto es importante porque la sala de masajes se encuentra implementada y es una oportunidad real de inserción para los beneficiarios de la institución.

Cabe destacar que la Sociedad de Rehabilitación del Niño y Adolescente Lisiado (Sorenial) de Antofagasta fue creada en 1972 por el kinesiólogo Ernesto Letelier junto a un grupo de estudiantes de la carrera de Educación Física de la ex Universidad del Norte. En 2010, recibió el Ancla de Oro, una las máximas distinciones entregadas por la Ilustre Municipalidad de Antofagasta a las personas naturales o jurídicas en honor a su labor por la comuna. Actualmente atiende a 30 jóvenes y adultos con discapacidad entre 18 y 70 años, entregándoles apoyo y orientación para su óptimo desarrollo de la autonomía e independencia, potenciando la autoeficacia y capacidad de elaboración y reflexión crítica acerca de su desempeño.

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